La niña levantó la cabeza y miró, primero a su madre y después a su padre, cada uno sentado a un lado suyo; ambos tenían cara de preocupación, pero ella no lo entendía, recordaba haber estado en esta misma sala tres años atrás, cuando su hermano cumplió 11 años, en ese momento, él había entrado por la puerta que ahora ella tenía delante, había estado allí dentro bastante tiempo, no sabía exactamente cuánto, y había vuelto a salir, se fueron todos a casa y se acabó, nada más había ocurrido.
Buscó a su hermano con la mirada y le encontró hablando con un amigo suyo, cuya hermana menor también se encontraba sentada esperando a pasar por aquella puerta, como ella. Él debió notar su mirada en la nuca, con lo que se dio la vuelta y le sonrió, pero no era una sonrisa auténtica, era una de esas sonrisas que ponía cuando intentaba calmarla y decirle que todo iba a salir bien.
Volvió a mirarse los zapatos sin entender nada, en la sala había mucha gente que se encontraba igual que ellos, padre serios e hijos sentados sin saber muy bien a qué atenerse, sin embargo, también había bastantes padres con grandes sonrisas que charlaban, animaban y deseaban suerte a sus pequeños, pero, ¿suerte con qué?
No se dio cuenta cuando un hombre trajeado salió por aquella enorme puerta y entre todos los nombres que dijo, citó el suyo, fueron sus padres quienes le dieron un golpecito para que se levantara y ella obedeció, echando un último vistazo a sus padres antes de entrar, comprobando que su madre abrazaba a su padre mientras sollozaba y su hermano se sentaba en la silla que antes ocupaba ella.
Nunca supo cuando tiempo se pasó ahí dentro, pero cuando salió sus padres seguían fuera esperando, aunque su hermano se había quedado dormido en la silla. Ellos le hicieron preguntas sobre lo que había pasado ahí dentro, a lo que ella solo fue capaz de contestar que le habían hecho cosas que ellos llamaban “test” y otras pruebas que intento explicar sin demasiado éxito.
Dos semanas después, cuando ella ya había olvidado completamente los sucesos de ese día, tres hombres trajeados irrumpieron en su casa cuando estaban comiendo, mientras uno subía a su habitación y cogía sus cosas más preciadas, los otros dos intentaban separarla de sus padres y de su hermano; ella lloraba y no entendía nada, mientras les llamaba a gritos y forcejeaba para librarse de los brazos de uno, veía como su padre intentaba sujetar a su madre para que no saliera detrás de ella y el otro hombre trajeado sujetaba a su hermano mayor, el cual intentaba mediante patadas y puñetazos quitárselo de encima para volver junto a ella, aunque sin ningún resultado. Cuando el tercero de aquellos hombres bajó de su habitación, la arrastraron hacia la puerta, donde había aparcado un coche negro; la metieron en él mientras ella seguía llorando y oía como su madre gritaba su nombre desesperada y justo antes de que se cerrara la puerta del coche, pudo vislumbrar por última vez a su familia.