miércoles, 10 de agosto de 2011

Falsas apariencias


Ayer estuve pensando... hay mucha gente que se comporta de una manera muy distinta a como son realmente cuando conocen a gente, ¿por qué? Es normal que cuando conoces a alguien te esfuerces en parecer una persona más simpática de lo normal, quieres caer bien, es lógico que la forma en la que te comportas sea más agradable de lo normal, mejor, ¿pero qué pasa cuando eso se alarga en el tiempo? Me refiero, parece haber gente que se esfuerza mucho, muchísimo, en ser unas personas distintas a quienes son realmente, y lo mantienen el suficiente tiempo para ganarse a esa persona, pero ¿qué pasa después?

Después pasa que conoces a la persona que es realmente y puede pasar algo muy grave: que te decepcione. Claro, ahora esa persona que es realmente se queda a la altura del betún de la persona que fingía ser, al final, fingir ser la persona más cachonda del mundo es contraproducente, acabas decepcionando a las personas a la larga.

Es cierto que las primeras impresiones que te llevas de una persona nunca son las acertadas, al menos la mayoría de las veces no lo son, pero de ahí a que una persona cambie del día a la noche… hay un gran paso. Pero como todo, hay cambios que son para bien y otros que son para mal; a todos nos ha pasado conocer a una persona y que sea la cosa más seca y rancia del mundo, lo más serio que ha parido madre, y que cuando quedas un par de veces o más con ella resulte que no, que no sabe hacer otra cosa que el gilipollas (en el buen sentido de la palabra) y no paras de reírte en ningún momento. Pero ese tipo de gente es distinta de la primera de la que he hablado, normalmente esa gente es demasiado tímida como para mostrarse como es en un primer momento.

Claro que hay muchos más cambios distintos a estos mencionados, pero volviendo al tema… ¿Por qué hay personas que se esfuerzan tanto por agradar a desconocidos, pero luego con la gente que se supone que le importa no se esfuerzan para nada? En realidad estoy haciendo esta pregunta al aire, no sé si sabré la respuesta alguna vez, pero si la encuentro, no os preocupéis que os mantendré informados.   
   

viernes, 8 de julio de 2011

Prefacio


La niña levantó la cabeza y miró, primero a su madre y después a su padre, cada uno sentado a un lado suyo; ambos tenían cara de preocupación, pero ella no lo entendía, recordaba haber estado en esta misma sala tres años atrás, cuando su hermano cumplió 11 años, en ese momento, él había entrado por la puerta que ahora ella tenía delante, había estado allí dentro bastante tiempo, no sabía exactamente cuánto, y había vuelto a salir, se fueron todos a casa y se acabó, nada más había ocurrido.


Buscó a su hermano con la mirada y le encontró hablando con un amigo suyo, cuya hermana menor también se encontraba sentada esperando a pasar por aquella puerta, como ella. Él debió notar su mirada en la nuca, con lo que se dio la vuelta y le sonrió, pero no era una sonrisa auténtica, era una de esas sonrisas que ponía cuando intentaba calmarla y decirle que todo iba a salir bien.

Volvió a mirarse los zapatos sin entender nada, en la sala había mucha gente que se encontraba igual que ellos, padre serios e hijos sentados sin saber muy bien a qué atenerse, sin embargo, también había bastantes padres con grandes sonrisas que charlaban, animaban y deseaban suerte a sus pequeños, pero, ¿suerte con qué?

No se dio cuenta cuando un hombre trajeado salió por aquella enorme puerta y entre todos los nombres que dijo, citó el suyo, fueron sus padres quienes le dieron un golpecito para que se levantara y ella obedeció, echando un último vistazo a sus padres antes de entrar, comprobando que su madre abrazaba a su padre mientras sollozaba y su hermano se sentaba en la silla que antes ocupaba ella.

Nunca supo cuando tiempo se pasó ahí dentro, pero cuando salió sus padres seguían fuera esperando, aunque su hermano se había quedado dormido en la silla. Ellos le hicieron preguntas sobre lo que había pasado ahí dentro, a lo que ella solo fue capaz de contestar que le habían hecho cosas que ellos llamaban “test” y otras pruebas  que intento explicar sin demasiado éxito.

Dos semanas después, cuando ella ya había olvidado completamente los sucesos de ese día, tres hombres trajeados irrumpieron en su casa cuando estaban comiendo, mientras uno subía a su habitación y cogía sus cosas más preciadas, los otros dos intentaban separarla de sus padres y de su hermano; ella lloraba y no entendía nada, mientras les llamaba a gritos y forcejeaba para librarse de los brazos de uno, veía como su padre intentaba sujetar a su madre para que no saliera detrás de ella y el otro hombre trajeado sujetaba a su hermano mayor, el cual intentaba mediante patadas y puñetazos quitárselo de encima para volver junto a ella, aunque sin ningún resultado. Cuando el tercero de aquellos hombres bajó de su habitación, la arrastraron hacia la puerta, donde había aparcado un coche negro; la metieron en él mientras ella seguía llorando y oía como su madre gritaba su nombre desesperada y justo antes de que se cerrara la puerta del coche, pudo vislumbrar por última vez a su familia.    


domingo, 12 de junio de 2011

Un poco de historia


Hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy pija…

Una niña rubia y tonta se codeaba con muchas otras niñas rubias y tontas (sí, es cierto… Dios las crea y ellas se juntan), pero quiero pensar que esta niña era un poco más inteligente que el resto, por eso, cuando pocos años después apareció una niña morena que la seguía a todas partes, decidió que no sería mala idea dirigirle la palabra, descubriendo, contra todo pronóstico, que aquella niña morena, de nombre BrownLittleGirl, tenía muchas cosas en común con ella, con lo que comenzaron a trabar una amistad que poco gustaba a sus otras compañeras rubias (“Oh Dios mío, es una morena plebeya, ¿qué hace con nuestra compañera?”). Lo cierto es que poco tiempo después, aquellas dos niñas empezaban a aburrirse de estar sentadas mirando como los galanes competían los unos contra los otros mientras ellas tenían que animarles o llorarles (definitivamente, sí, era, al menos, un poco más inteligente).

Paulatinamente, se fue separando del grupo de rubias. Un año después de conocer a BrownLittleGirl apareció en su vida otra morena, Esme. Al principio se llevaban de patadas, literalmente hablando, pero el roce hace el cariño, con lo que las tres chicas se hicieron inseparables. Dos años después aparecerían en sus vidas dos chicas (morenas de nuevo, ojo al dato) bastante “especiales”, dos chicas a las que al principio tenían más miedo que otra cosa, pero las apariencias engañan y descubrieron que eran precisamente sus rarezas y excentricidades lo que las hacían tan atractivas y especiales, ellas eran Verita y LastJuliet.

El grupo, poco a poco y sin saber muy bien como, fue creciendo, de forma que poco tiempo después aparecieron Cornelia, La Mafiosa y Mushu y algo más tarde Mr. Skeleton y The Captain.

De esta manera, la niña rubia y tonta había dejado de vivir en ese mundo “perfecto” de galanes y princesas para acabar en uno algo más imperfecto, pero bastante más divertido. Ahora esa niña rubia ya no es ni niña, ni rubia.

viernes, 13 de mayo de 2011

¿Cómo quieren que las mujeres nos portemos bien?

¿Cómo narices quieren que las mujeres nos portemos bien?

Si de niñas veíamos que Tarzán andaba desnudo, Cenicienta llegaba a media noche, Pinocho mentía, Batman conducía a 320km/h, la Bella Durmiente era una vaga, Blancanieves vivía con 7 tíos, Caperucita no le hacía caso a su madre, Betty Bop iba vestida como una fulana, Pulgarcito tiraba migas por todas partes y Popeye fumaba hierba!!!!! VAMOS, vamos...!!!!

miércoles, 20 de abril de 2011

Casualidades


A veces me da miedo pensar, ¿y si no hubiera estado ahí en ese momento? ¿Y si hubiera dicho que no? ¿Si hubiera dicho que si?

Es curioso pensar que han sido un montón de pequeñas decisiones y casualidades las que nos han llevado al punto en el que nos encontramos ahora mismo; es verdad, a veces tengo miedo de despertarme y descubrir que todo ha sido un sueño, y que ese pequeño conjunto jamás volverá a repetirse de la misma manera, con lo que todo será diferente; gracias a Dios, se queda solo en una sensación que desaparece rápidamente.

¿Cómo serían las cosas ahora mismo si, simplemente, un pequeño detalle fuera diferente? Algo tan tonto como haber cogido un autobús quince minutos más tarde o haber ido a un local distinto aquella noche podría cambiar tantas cosas…

Pienso en la forma en que conocí a mi pequeño filósofo, la cantidad de pequeños detalles que podrían haber sido diferentes y que podrían haber hecho que jamás nos hubiéramos conocido. Si él no hubiera ido a donar sangre, lo cual hubiera sido muy probable; si yo en vez de en la zona de donantes, hubiera estado en el laboratorio, donde por aquel entonces solía estar mucho porque ya poco tenía que aprender en el otro lado; si él no se hubiera atrevido a ligar conmigo o yo no me hubiera atrevido a apuntarme sus datos y a agregarle… y todo esto se puede aplicar a todas las personas que conoces, a todo lo que has vivido, si tan solo un pequeño detalle variara…

A lo mejor es cierto que todo pasa por alguna razón y que no existen las casualidades, pero a mí me parece que todo tiene mucha más magia y más encanto si se ve de esta manera.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Nacidas del Odio


¿Os he contado alguna vez por qué existen rosas rojas? ¿No? Pues ahora vais a saberlo…

Hay una historia que cuenta…
Las rosas eran las flores más bonitas y brillantes del jardín, eran envidiadas por el resto de flores. Su color blanco era tan puro que ninguna otra flor podía igualarlo. Con el tiempo, el resto de flores fueron adquiriendo colores llamativos: rosas, azules, amarillos, violetas…, tonalidades que llamaban mucho la atención; las rosas se negaron a cambiar su color, pues pensaban que su blanco puro siempre las pondrían por delante del resto de flores; sin embargo, los humanos fueron atraídos por los colores vívidos del resto de flores; las rosas, sintiéndose traicionadas, trazaron un plan para vengarse de los humanos y volver a ser las flores más bellas: sacaron espinas, de forma que cuando un humano fuera a cogerlas, se pinchara con ellas y las rosas pudieran coger su sangre para teñir sus petalos de aquel rojo brillante.

Y así, del odio, nacieron las rosas rojas.

sábado, 5 de marzo de 2011

Fashion Victims


Las mujeres somos víctimas de un complot urdido por mentes perversas que se reúnen en un lugar secreto y deciden lo que ellos llaman “tendencias de moda”. ¿Quiénes son? ¿Cómo lo hacen? Yo me imagino que llega Paco Rabanne y dice:
-Veo que este año se va a llevar el azul petróleo.
Y saltan a dúo Victorio y Lucchino:
- Eso, eso. Y los jerséis sin mangas, pero de cuello alto, ¡y que se jodan!.

¡Y date por jodida! Porque la moda no es una industria, ¡es una secta dirigida por maricones! Y de esos seres que nos odian, ¿qué podemos esperar? Si nos hacen ir con estos pantalones que se abrochan en la rabadilla y nos hacen creer que vamos bien (creo que lo hacen para que enseñemos esos ridículos tangas que tanto molestan), o con esos otros pantalones de pata larga que van limpiando las aceras.
¿Sabéis lo que son las fashion victims? Son las mujeres que han caído en sus redes y ya no pueden escapar, esas que cuando se acercan a un escaparate oyen voces en su cabeza: “El poder de la moda te obliga”, “el poder de Dior te gobierna”.

Realmente, yo me dí cuenta del poder que tiene esta secta cuando intenté comprarme un vestido rojo. Parece fácil, ¿verdad? Un vestido rojo. Pues no, ¡porque las tiendas están en el ajo! Son las representantes de Dior en la tierra. Y, claro, llego yo y le digo a la dependienta:
- Buscaba un vestido rojo.
Y me suelta:
- ¿Rojo? Este año no viene nada en rojo, este año viene el azul petróleo.
-¿Y eso rojo de ahí?
- Eso es la funda del extintor, pero si quieres te la saco.
¡Así es como empiezan las sectas: anulando tu voluntad! Porque, de repente, me veo diciendo:
- Vale, sácame uno azul petróleo de la 36.
Y, en ese momento, la dependienta me mira como se mira un Fiat Panda desde un todoterreno:
- ¿La 36? Tú estarás entre la 38 y la 40.
Claro, yo la miré a ella como diciendo: “Y tú estarás entre gilipollas y tonta del culo”, pero le dije:
- Perdona, yo soy una 36.
- No, si ya, pero es que este año viene la 36 ceñida, ¿sabes?
Y es que ese es el segundo paso de la estrategia de la secta. Disminuir tu autoestima para poder dominarte mejor. Ahí, yo dije:
- Con esto no me pillan. ¡Yo me pruebo la 36 aunque me la tenga que meter a rosca!

Y, claro, te miras al espejo y ves lo que ves. Una morcilla, una morcilla color azul petróleo.

Y digo yo, si en todo el mundo un metro es un metro y un kilo es un kilo, ¿por que la talla 36 no es siempre la talla 36? Tú vas al Carrefour y la talla 36 se la puede poner King África y, sin embargo, te vas a Versace y la 36 no se la pone ni Nicole Kidman.

Total, que hice lo que hacemos todas: llevármelo. Sí, porque pensé lo que pensamos todas: “Así me obligo a adelgazar”.
“Me obligo a adelgazar”… ¿Seremos idiotas? A las dos semanas te estás obligando a regalárselo a tu prima. ¡Es como comprarte unos zapatos de la 34 para obligarte a que te encoja el pie!

Pero es que ese es otro de los síntomas de que estás entrando en la secta, someterte voluntariamente al sufrimiento físico. Aunque, a veces, cuando todavía no estás abducida del todo, consigues tener un momento de lucidez y decir: “No, no me lo llevo”. Y, entonces, esa enviada del mal que es la dependienta te dice la frase definitiva:
- Llévatelo, no seas boba, ¡qué lo puedes devolver!
¡Y lo compramos! Como lo puedes devolver... Eso es como comerte un trozo de moqueta: ¡como lo puedes devolver!

Así que volví a casa con mi vestido azul petróleo de la 36, me lo pongo y le pregunto a mi madre:
- ¿Cómo me queda?
- Pequeño.
- ¿Si? ¿Me marca mucho?
- Te va a hacer llagas. 
Ahí me dije: “Itaca, modérate. Esta es otra prueba. La secta de la moda quiere que rompas lazos con tu entorno, ¡No, no van a poder conmigo!”.
Me lancé a la calle y no paré hasta que encontré el único vestido rojo que quedaba en toda la ciudad. Cuando lo vi, dije: “¡Me lo compro! ¡Que le den a Paco Rabanne ! Y que Victorio le dé a Lucchino… ¡Ja!” Y salí de la tienda triunfante, con mi vestido rojo. Pero la alegría me duró dos escaparates.

Es algo que nos pasa a todas las mujeres. De repente, se te viene el mundo encima: “Coño, ¿y qué hago yo con un vestido rojo, si este año lo que se lleva es el azul petróleo?” Oye, que no pude pegar ojo en toda la noche, tuve unas pesadillas... Estaba yo en una misa negra, atada de pies y manos, y los grandes gurús de la moda, rodeándome como en Poltergeist: “Itacaaaa, veeen hacia el glamouuuuur”
Total, que me desperté, empapada en sudor y dije: “¡Vale, está bien, me rindo!” Me unté entera con vaselina para que me entrara el vestido y me presenté en la fiesta vestida de azul petróleo.

Cuando llegué me encontré con que íbamos todas iguales... Allí había más azul petróleo que en una playa del golfo Pérsico. Ahí te das cuenta de que te han captado, has entrado en la secta, y a partir de ese momento honrarás a Victorio y a Lucchino, no nombrarás a Chanel en vano y amarás a Dior sobre todas las cosas.

PD: ¿Alguien me puede explicar qué coño es el color “azul petróleo”? Tardé siglos en comprender que las cosas pueden ser de color buganvilla, no me vengas ahora con el petróleo, ¡por favor! El petróleo es negro como los cojones de un… (y perdón por la expresión...).